domingo, 20 de noviembre de 2011

Mara recordó que K le comentó, alguna vez, que tenía un mundo a donde iba a refugiarse siempre que la gente le parecía peligrosa. K, por esos tiempos, andaba leyendo un libro sobre Mozart y en este decía que él en circunstancias difíciles, amenazado por la sociedad (eterna amenaza), se refugiaba en su mundo de Atrás. K bautizó al suyo con el mismo nombre (claro que empleó su variación de traducción al castellano porque originalmente está en alemán). En este podía mostrar su esencia sin temor a que le hicieran daño, podía ser sincero con sus sentimientos y llorar si un pájaro azul pasaba volando por su lado.

Entonces Mara recordó, también, que alguna vez ella tuvo ganas de crear su mundo, de ponerle un nombre y lo llamó Aquí. Pero últimamente a Mara le ocurría algo extraño; al principio era curioso, intrigante, luego llegó a ser enigmático y hasta peligroso. Mara no se sentía aquí (aquí li-te-ral-men-te). Era la sensación que ella describió hace mucho en un poema como "cuando se le da a mi alma salirse de mi cuerpo", no le pasaba desde hace mucho y últimamente le ocurría en circunstancias inesperadas.

Sin embargo, el día del Fin del mundo algo ocurrió. Mara se percató del hecho y fue corriendo a contárselo a K.

Mara: ¿recuerdas que te conté sobre mi mundo y que, curiosamente, último tenía la sensación de no sentirme aquí (aquí li-te-ral-men-te)? Creo saber por qué era. Quizá necesitaba encontrar un planeta con el cual colisionar para encontrarme nuevamente en mi Aquí.

K: Atrás.

Mara: sí.

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