Mara encontró en el llanto
su dolor y le prestó alas
y ya en el cielo no pudo conservar
las llaves de su pecho,
le brotaron flores
como fuegos de colores en el alma
y de sus lágrimas
nació un arroyo dulce y diáfano
que cayó hasta sus pies,
era ella
fluyendo
a
l
a
m
a
r
.
.
.
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