Cosita, mi cuerpo es una soga, tengo como pies unas hilachas, me despedazo en cada paso, cada hilacha vuelve a ti, a cobijarse en la luz que son tus ojos, a la estabilidad de ese verde amarilloso que me canta para sentirme protegida.
Cosita, Cortázar dice que tú eres un teléfono, ¿suenas por mí, acaso? Sonaste hoy cuando me fui ¿Ése era mi llamado? Mi mamá se percató, dice que te vio muy agitada, que balbuceabas como queriendo decir algo, pero no logró entenderte. ¿Acaso escuchaste el apretón de mi cintura que se estaba haciendo nudo? Yo respiraba con temblores, mi sinceridad se asfixiaba en el hoyo que yo misma clausuraba para no dolerme.
Pero contigo mi sinceridad se desboca, se hace viento y va corriendo a tus orejas para contarte lo que oculto para otros. ¿Qué sería de mí si solo existieran las paredes humanas? Los mensajes retumbarían en ecos; en círculos viciosos mi voz llegaría a enmudecerse de tantas veces repetirse. Gracias al cielo abres, siempre, la línea de tu pecho para encauzar mi llanto/canto. Más que un teléfono, eres transmisora de mensajes universales, y muy íntimamente, un bello instrumento que entona mi sonata.
No hay comentarios:
Publicar un comentario