Me dice todo siempre bajo un código distinto,
sus ojos ríen cuando su boca duerme
y su cabeza abraza lo que su corazón gestó.
Se desnuda hasta cuando no desea hacerlo
y no haciéndolo me enseña una canción;
y así aprendo de tonos y colores en ángulos diversos de las horas.
No sabe que por las noches tejo,
no debería saber que tengo chalinas largas de letras que bordean mis rodillas;
debería pensar que mi noche termina y mi sueño empieza en este punto.
No sabe que necesito componer,
con algún lenguaje, la compañía de sus ojos negros
y el concierto que me brinda su silencio antes de que desfallezca la luna.
2 comentarios:
me encantó lo de las chalinas nocturnas y la compañía de los ojos negros, es bonito, como un cuento, como una espera larga, pero dulce.
Dulce...como un suspiro.
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