lunes, 4 de julio de 2011

Soy muy sensible a detalles simples como el cambio de estación, los viajes largos en bus, al hecho de sentarme al lado de la ventana en un carro, entre otras cosas. En estos días me he percatado de que logro alcanzar altos niveles de excitación y placer cuando escucho alguna emisora de canciones antiguas.

Cada vez que voy camino al trabajo, sentada al lado de la ventana en mi clásica línea "todo Benavides", leyendo un libro seductor (como La senda del perdedor), me regalo la idea de que soy feliz. Y en mi panza se centrifugan las emociones confirmando la adquisición de este bonito paquete. Más poderoso que cualquier desayuno especial, más nutritivo, incluso, porque me nutre el alma cuando todos parecen empezar desfallecidos la mañana.




2 comentarios:

Zoe dijo...

Yo ando desfallecida todas las mañanas jiji

Mr.jeje dijo...

A veces nos pasa, las mañanas son difíciles de asimilar, hay que conquistarlas con alguna canción en los oidos, algún libro o la imagen que se te apetezca :D