se disputan mis notas unas moscas sordas
que hacen bulla sobre mi cabeza.
¡Qué molestia!
No ven que ando voleando un verbo
que se hace redondito y blando
como masa de pan.
¿Cuándo amanecerá?
Estas manos ya desean aplacar algún estómago furioso de sibaritas.
Es pronto.
Y preciso es calentar las yemas
sobre las yemas
sobre la cara
el cuello
los senos
la cintura...
y darse un paseo por el túnel del ombligo
hacia el paradero sur de mi vía que se expresa
en helicoidal masa,
generosa y dulce,
generosa y dulce,
humeante
al arribo del panadero.
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