Sé que muy al sur de mi vientre hay un rosal, aunque más parece una selva -virgen-; sin embargo nadie se percata ni de la selva ni del rosal y yo lo siento más un desierto ahora: los hombres del mundo real pasan y sienten allí un ambiente cómodo y tropical. Algunos se quedan a explorar un poco, pero solo permanecen lo que dura el verano, se marchan pronto y nadie me ha descubierto tan suave y agreste todavía ¿Quién pensaría que allí existe una rosa nueva y distinta cada vez? Que sea la paciencia del jardinero la que la encuentre, que sea su andar ligero el que la despierte, su dedicado tacto, su atenta escucha por verla florecer, que sean sus ojos de mar los que la llenen, su perfume abrasador el que desnude sus labios húmedos de carnívora belleza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario