Aparecimos frente a frente cogidos de las manos
aferrándonos el uno al otro
como si debajo de nosotros hubiera
un abismo
la boca de lo incierto
la nada y el principio
la inmensidad y la angustia.
Yo veía más allá de sus ojos mis ganas de querer vivir.
Él veía más allá de los míos sus ganas de querer ser mejor.
Llevábamos para el otro
certezas como regalos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario