sábado, 11 de enero de 2014

Antes vivía al aire libre, no había sentido todavía los rayos del sol achicharrándome por dentro, no me había inundado hasta las narices con la lluvia, no había sido arrastrada salvajemente por huracanes, nadie había ensombrecido el cuadro hermoso que veían a diario mis ojos. Pero hoy, hoy me he construído una casa donde guardo a ese ser frágil, nostálgico, voraz de amor, de amar, pero temeroso de su instinto, racional, que ya ha perdido su inocencia. Porque tengo miedo de que su naturaleza me deje desprovista de recursos, de que su sonrisa no dibuje en ningún extremo un trazo de mi recuerdo y me revele una vez más lo insignificante que a veces me siento: expuesta siempre a los designios infaustos, a la sombra que inesperadamente crece a medida que avanzo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

muy intersante