jueves, 12 de septiembre de 2013

Viaje de un largo día hacia la noche

Monólogo de Edmund Tyrone: 

¿Quieres que te cuente mis recuerdos más vivos, todos relacionados con el mar? Escucha. Me había enrolado en la tripulación del Squarehead, íbamos a Buenos Aires y había luna llena y vientos alisios. Yo yacía en la cofa, mirando hacia la proa, y el agua se deshacía en espuma debajo de mí y los mástiles y las velas blancas, allá arriba, brillaban con la luz de la luna. Embriagado de belleza y de balanceo, me sentí extraviado, fuera de la vida. ¡Era yo libre, me disolvía en el mar, formaba parte de las blancas velas, de la blanca espuma, y me convertía en luz de luna, en un barco, en el cielo lleno de estrellas!

Sintiéndome sin pasado ni futuro, me hermané con aquella paz y aquella unidad. Rebosaba de salvaje alegría, estaba más allá del mundo terrenal…¡Estaba en la vida, era parte de Dios, si quieres! Y eso me sucedió nuevamente cuando, navegando en la American Line, estaba en la cofa, cumpliendo con la guardia del amanecer. El mar estaba calmado, solo se sentía el suave balanceo del barco. Los pasajeros dormían, no se veía a nadie de la tripulación y las chimeneas soltaban un humo oscuro. Desatendiendo a la guardia, libre y distante en mi soledad, empecé a ensoñar observando el ascenso de la aurora entre el mar y el cielo, como enlazados en un colorido espejismo. Y entonces llegó el instante de éxtasis y libertad. ¡Era la paz, el final de la búsqueda, la dicha de sentir que has superado la ambición y los tristes deseos y los dolorosos anhelos de los hombres! Y he vuelto a sentirlo en una playa solitaria, nadando lejos de la orilla o bien echado en la arena. Sentía que era yo parte del sol, de la cálida arena, o que flotaba como un alga mecida en el agua entre las rocas…Así deben haber sido los éxtasis de los santos. Como si una mano invisible levantara un velo y vieras nítidamente la realidad, como si la vieras durante un segundo, descubrieras su secreto y pasaras a formar parte de ese secreto. ¡Todo tiene sentido en un instante como ése! Después desciende el velo y te sientes solo, nuevamente perdido en la niebla y errando sin rumbo…¡Por error he nacido hombre en vez de gaviota o pez, y siempre seré un extranjero sin hogar, sin esperanza y sin amor! ¡Siempre un vagabundo un poco enamorado de la muerte!

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