Que sus ojos marrones oscuros brillaran e hicieran contraste con su piel tostada y su cabello negro, mientras conversaba con soltura, me pareció el regalo más hermoso que he tenido en mucho tiempo. Y hoy me ha quitado el sueño, me mantiene en una ficción real que me hace escribir y pensar que es su naturaleza la que me eleva, que sorber su esencia en cada cuadro que me regala, sin saberlo, es el instante perfecto. Esos momentos que tanto valoro y que se acuñan atemporalmente en mi mente, como su aroma.
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