Lo meces todo sin conciencia de los barquitos que hundes,
de las velas que hinchas con sensual aliento.
Estar orillada en tu inmensidad,
estar inmensa en tu orilla.
Ir mensa y mansa dando vueltas en tus dedos remolinos y escribanos.
Disolverme en la imagen de tu musa.
Quedar centrifugada al clarear el día,
inútil e inmovilizada al ser consciente del espectro caminante del dolor.
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